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SIEMPRETUYABLOG

Lo que los ojos no ven, la mente lo imagina.

Entre mis sábanas ( Sólo estas tú II)

Ari sigue colándose en mis sueños además de en el ascensor. Cada día me parece verla más guapa y cada vez hago más por coincidir con ella. Es la tercera vez que voy al súper donde trabaja a comprar y ya he conseguido, o eso creo, averiguar la rutina de sus turnos. Tengo provisiones para un mes y a Elena cada vez más lejos de casa. La verdad es que nunca la sentí cerca.

Es la una del mediodía y aprovechando que es sábado, me he dedicado a poner en orden mi casa. A la lavadora le deben quedar diez minutos para acabar y como ya voy teniendo hambre, me he puesto un vino y un plato de queso.  Me relajo en la terraza sentado en el sillón al sol, dejo que me caliente y cierro los ojos adormecido por el vino. Ella se cuela en mi cabeza, para variar. La veo correr por el parque, el pelo revuelto, el sudor bañando suavemente su piel, una gota que se cuela entre sus pechos…deben ser preciosos. ¿A que sabrá su saliva? ¿A qué sabrá su sexo? Mi entrepierna se anima bastante y me acaricio por encima del pantalón corto que llevo…Uffffff…

La lavadora me avisa que ha terminado su trabajo y ahora me toca a mí el mío. Acabo la copa de vino y me dirijo a por la cesta para meter la colada y tender. Cargo otra lavadora más y cojo las llaves del patio común para subir a tender, las sábanas no me caben aquí en casa. Subo al último piso cargado con la cesta, las pinzas, las llaves y una erección de regalo. Abro la puerta de la terraza con las llaves y vuelvo a cerrar, dejo caer la cesta en el suelo al lado de las cuerdas de tender y empiezo el ritual.

Estiro las sábanas y pongo varias pinzas, que luego con el aire se caen y se quedan peor que antes de lavarlas. Me acerco las sábanas y las huelo, me encanta el suavizante que utilizo…más me vale, he comprado un montón las últimas semanas!!!! Aspiro el aroma y cierro los ojos, es el mismo que usa ella. Lo compré adrede. Quería tener el olor de su cama en la mía, pero falta el olor de su cuerpo, de su sudor, de su sexo… ése es el olor que yo quiero en mis sábanas. Abro los ojos y sigo colocando pinzas. Hace mucho aire aquí arriba y uno de mis calcetines sale volando al otro extremo de la terraza, voy a la carrera a la persecución del calcetín cuando al girar la esquina la veo. Está tomando el sol con el mp3 puesto.

Camiseta de tirantes subida hasta el pecho, el abdomen al aire, pantalón corto de deporte bajadito hasta…hasta donde ya no se puede bajar más. Piernas flexionadas, entreabiertas, descalza encima de la toalla y moviendo la cabeza al ritmo de a saber que música. Me la comía. Estoy de pie, con el calcentín en la mano mirándola y no puedo moverme. Tiene los ojos cerrados… ¿pensará en mí? Planta los pies es la toalla y eleva las caderas, coge el pantalón y estira de él para bajarlo por sus muslos… se lo quita. Por favor, esto es un sueño. Lleva unas sencillas braguitas blancas que me ponen más caliente que cualquier copa de vino. Se gira y se coloca boca abajo, con la cabeza de lado. Tiene un culo redondo, en su sitio…perfecto. Las braguitas son estrechas de atrás y dejan al descubierto toda la nalga…

Decido hacer como que no estoy y me vuelvo a mi sitio a tender…si consigo centrarme porque estoy muy cachondo ahora mismo. Prosigo con mis sábanas y mis pinzas y su culo, su culo en mi cabeza…lo quiero en mis manos, quiero apretarlo, quiero tenerla encima de mí y estrujar esas nalgas…Madremía si viene y me ve aquí, empalmado… Me queda un montón de ropa todavía, me abro paso entre las sábanas para ir a la siguiente cuerda y cuando levanto la vista, Ari. En bragas, con el pantalón y la toalla en la mano y los pezones marcándose por la fina tela de la camiseta. Toma ya.

-¿Te ayudo?- dice sonriendo maliciosa.

-Hola…Vale, gracias.-Las palabras se me hacen un nudo y no salen, yo sólo quiero tocarla, besarla…

Le paso las sábanas y voy colocando pinzas mientras ella las estira. Al hacerlo la camiseta se le sube y me deja ver la parte de abajo de su pecho, tiene la piel más pálida que el resto del escote, se nota que no toma el sol con el pecho al aire y eso, no se porqué, aún me pone más. Se acerca las sábanas a la cara y las huele…¿se habrá dado cuenta?

-¡¡¡Que bien huelen!!! Tienes buen gusto, yo uso el mismo suavizante.- No me digas…

-Sí, la verdad es que debe usarlo mucha gente…- gran frase, sí señor.

-Algo me dice que no es casualidad, ¿cierto?- la pregunta se me clava igual que sus ojos esperando respuesta.- Quieres que mi olor esté en tu cama ¿ a que sí?.

-Sí-respondo sin pensarlo-. Y tanto que quiero.

Ari coge una de las sábanas que está por tender y la tira al suelo, se coloca descalza encima de ella y me mira, no deja de mirarme y me traspasa. Se quita la camiseta por la cabeza dejando su pecho al aire, se baja las bragas por sus torneados muslos, sin pudor ninguno, y no deja de mirarme. Mi erección ya es más que visible y decido quitarme el pantalón, no llevo nada más. Está desnuda, como en mis fantasías.Me acerco a ella y la cojo rodeando su cintura con mis brazos. Me besa con fuerza y mi sexo roza su abdomen suave…Mi pene está húmedo y moja su piel.

Coge mi pelo y me atrae hacia ella, levanta una pierna y la coloca alrededor de mi cadera…la elevo y la cojo del culo. Joder… que ganas tenía de esto. Me mira desafiante y sonríe.

-Adelante…

Me hundo en ella, la dejo caer encima de mi duro miembro y le aprieto el trasero contra mí todo lo que puedo. Ella gime y hecha la cabeza hacia atrás. Me siento en un escalón para evitar que nos caigamos y ella me cabalga con suavidad. Y me mira, sin cesar. Gime de una manera tan erótica que me correría sólo escuchándola. Joder Ari, por fin. Me saca de su interior y se tumba encima de mi sábana. Abre sus piernas y comienza a tocarse… bufffff, eso me pone cantidad. Sigue con la mirada clavada en mí.

-Ven, vamos a dejar mi olor en tus sábanas…

Obedezco y voy hasta ella. Abro más sus piernas y sin entorpecer sus caricias, la penetro de nuevo. La hago mía de tal manera que me parece natural, mía de verdad. Sus jadeos se aceleran y eleva tus caderas apoyada en sus talones. Se va a correr.

-Dame más, porfavor… córrete conmigo.

No sé que hacer, pero no me da tiempo a pensar. No voy a aguantar mucho y no sé si debo (puedo) correrme dentro. Siento que voy a explotar y comienzo a retirarme…

-No…-Ari me coge del culo y me clava en ella otra vez.- Aquí, conmigo…

Embisto el cuerpo de Ari con las pocas fuerzas que me quedan y ambos nos dejamos ir bañados en sudor, saliva y nuestro propio olor. Un olor que, ahora sí, también tiene mis sábanas y espero poder recuperar cada vez que desaparezca.

 

Un viaje diferente III

 

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Está besándome y se me eriza la piel. Siento clavarse su sexo en el mío a través de la ropa y me enciende… Tomo su cabeza entre mis manos, agarro su pelo con mis dedos para absorber con fuerza sus besos. Es ansioso y delicado a la vez, la lengua está tibia y explora mi boca desconocida para él. Mis manos lo recorren apretando cada músculo, sus hombros anchos, su espalda suave…recorro con mis dedos su cuerpo y con mis labios su cuello, mi lengua para en su oreja… oigo como resopla y aprieta sus caderas más contra mí. Está a tope.

Así no… pero no quiero parar. Quiero ir a otro sitio, quiero comodidad y tiempo…no un polvo en el coche, pero no puedo parar ahora… me gusta tanto….

Espera, espera…por favor…

-Que espere a qué, ¿ no te apetece? Yo creía que….

No, por supuesto que quiero! Pero no así, esto no va conmigo… ¿Te fías de mí?

-Acabamos de conocernos…- le digo intentando no resultar desconfiada, pero es que me descoloca, no sé que quiere- pero sí, confío en tí.- Como una regadera tengo que estar.

Gracias- y le doy un beso en los labios. La quito de encima de mi, nos recomponemos la ropa y seguimos el camino. Ahora sí sé dónde voy.

Hemos puesto la dirección de mi apartamento en el GPS, mis amigas no estarán todavía allí hasta mañana. Antes de darme cuenta estamos en el recinto de bungalows recogiendo las llaves. Este es el más grande y tiene un pequeño jacuzzi en la terraza. Me dirijo hacia él para ponerlo en marcha y mientras me descalzo. Me siento en el borde y meto los pies dentro,  el agua está tibia. Las burbujas empiezan a salir y me salpican las piernas.

La veo descalza, en el borde del jacuzzi y no sé si le va a gustar todo lo que quiero hacerle, pero ya es tarde para eso. Me acerco a la terraza con las cuerdas en la mano y la llamo…

Ven aquí.

Me mira contrariada, se le ha quitado la sonrisa de la cara. Mira mi cuerpo desnudo y luego la cuerda que sujeto con mi mano. Vuelve a mirarme a los ojos buscando una respuesta. Se la doy.

Confía en mí.

Y yo como hipnotizada, le sigo. Me coge del cuello y me besa con ímpetu, baja sus manos y busca mis pechos. Los saca de la ropa, los observa y no dice nada. Se aparta de mí y me desnuda entera. Se coloca detrás de mí y empieza a besarme el cuello con ternura, la nuca y va bajando por mi espalda. Acaricia mis nalgas con la cuerda y con su mano, separa mis piernas. Pone su mano en mi sexo y lo acaricia, después recoge algo de mi flujo y lo lleva hasta mi culo, lo reparte por él para lubricarlo. Siento su pene rozarme cuando se mueve, deja en la parte baja de mi espalda su calidez y su humedad…

Separo un poco más sus piernas y aprieto su cabeza hacia abajo, para indicarle que se agache. Lo entiende enseguida y apoya sus manos en la cómoda que hay delante.  Deslizo la alfombra bajo sus pies para que no tenga frío, porque está temblando. Joder, está asustada. Ato cada tobillo a una de las patas del mueble, no dice nada y se deja hacer. No puedo dejar de mirarla, el trasero se ha abierto para mí y desde esta postura puedo verle también los pechos, los pezones sonrosados… Acaricio con mi mano todo su sexo otra vez, repartiendo su humedad por él, mientras con la mano libre dirijo mi pene hacia su culo.

No me reconozco, jamás había hecho algo así. Más bien soy yo la que suele llevar la voz cantante, pero he de reconocer, que dejarse hacer de esta manera también tiene sus placeres. Joder, siento su polla queriendo penetrarme por atrás y no siento absolutamente nada de dolor, al revés. Quiero que lo haga ya. Empujo mis caderas hacia atrás y su miembro entra en mí de una. Siento que me atraviesa y se me abre algo por dentro, no cabe más, está apretadísimo. Pero me gusta. Se queda quieto y no se mueve, está cogido tan fuerte a mis nalgas que me hace daño. Resopla y en el espejo que tengo delante, veo como aprieta los dientes y se contiene. Su mano derecha se eleva y me da un azotazo en el culo que, lejos de molestarme, hace que mi cuerpo despierte de golpe y sienta con más intesidad su verga dentro de mí. Aprieto con los muslos y las piernas y es entonces, al intentar moverme, cuando recuerdo que mis tobillos están atados a la cómoda.

La piel de las nalgas se le sonroja por el azote que acabo de propinarle, no será el último. Al apretar sus piernas, su trasero se ha contraído y ha exprimido un poco más mi polla en su culito… es fantástico. Cojo con mis manos su precioso culo y lo abro a la vez que voy sacando poco a poco mi pene de él, casi hasta la punta. Cuando veo que mi capullo va a asomar por él, me acerco y dejo que caiga de mi boca algo de saliva para lubricarlo. Después, vuelvo a penetrarla suavemente mientras mi mano busca sus pechos. Sus pezones están duros, los pellizco y se queja, veo torcerse su sonrisa en el espejo. Pero no dice nada. Sigo penetrándola de forma suave y rítmica mientras ella empieza a dejarse llevar, se mueve hacia atrás pidiéndome más fuerza cuando dejo de moverme, se acaricia el clítoris cuando aumento el ritmo… si se viera, está preciosa.

Como no pare me corro ya, que gusto por favor. No pensé que esto me gustase tanto. Pese a lo incómodo de la postura, de estar atada y casi sin moverme, mi cuerpo responde a cada estímulo. Cuando aumenta la velocidad en sus embestidas, veo mis pechos bambolearse en el espejo y me gusta. Y cuando lo hace más lento, siento cada parte de su polla entrando y saliendo de mí y no puedo evitar gritar de placer. Cuando siento que esto va a terminar pronto para mí, sale y no vuelve a entrar. Me muevo hacia atrás y lo oigo reir. ¿Y esto a qué viene?

-¿Qué pasa?

Cállate- si sigo así me voy a correr enseguida y no quiero. Es tan complaciente que me pone malo. Tiene que dejar de acariciarse, si la veo correrse…estoy perdido. Las cuerdas… Me agacho y me coloco entre sus piernas, empiezo a quitar la cuerda de su tobillo derecho para atarle las manos con ella. Cuando lo libero veo que lo mueve, no tiene marcas, menos mal. Me dispongo a levantarme cuando mis ojos se cruzan con su sexo. Está abierto como una flor, sonrosado y muy húmedo. Se ve en la parte interna de sus muslos algún resto de su flujo y no puedo evitarlo. Mi boca va directo a él. La abro para abarcarlo entero, pongo mi lengua suavemente encima de él y lo succiono.  Aprieta mi cabeza entre sus muslos y yo pongo la lengua dura y la penetro con ella. Me cojo a sus tobillos y ella mueve sus caderas encima de mí cara, de mi boca y de mi lengua.  Me somete sin necesidad de cuerdas. Se corre en mis labios y trago ese jugo, me siento saciado.

Esto no ha terminado, lo sé. Con restos de mí en su cara, se levanta y me coge las manos, las lleva atrás y me las ata juntas, encima de mi culo. Abre mi sexo, que todavía palpita, y se hunde en él de forma salvaje. Me aplasta contra la cómoda y todo mi cuerpo queda encima de ella, sintiendo el contraste entre el calor de mi interior y el frío del mueble. Clava sus dedos en mis hombros para hacer todavía más fuerza contra mí, me siento morir, estoy tan mojada que se desliza en mí de una forma extraordinaria. Oigo como su cuerpo choca con el mío y me excita muchísimo.

Me muero del gusto. Aflojo la presión en sus hombros porque veo que le he dejado algún dedo marcado, pero es que quiero estar tan dentro de ella que no sé como cogerla, como atraerla más hacia mí. Quiero poseerla totalmente, hacerla muy mía. Siento como se me hincha más todavía el pene mientras bombeo en su interior…pam, pam, pam… Le doy otro azote en el culo y ella da un respingo hacia atrás, uffffff…, otro más y vuelve a hacerlo…, cargo contra ella de nuevo y no puedo resistirlo. Salgo de su jugoso coñito y dejo que mi semen se derrame en sus manos atadas.  En cuanto recupero el aliento, mientras la miro en el espejo, quito las ataduras de sus manos y de su pie. No sé muy bien que decir ahora. Pero he elegido bien, ella lo hace por mí. Me quita las cuerdas de las manos y veo algo nuevo en sus ojos….

-¿Confías en mi?

 

 

 

 

 

 

Un viaje diferente II

Tengo hambre y aún queda un rato para llegar bastante largo. Podríamos parar a tomar algo, así al menos saldría del coche y me relajaría un poco… no ha despegado el pico y me pone muy nerviosa…¿pero este tío sabe el cuerpo que tiene? Claro que lo sabe.

-¿Te importa si paramos a comer algo? Tengo hambre.

Engullo el sandwich y el café con leche y reanudamos la marcha otra vez. No ha dejado de mirarme mientras comía, pero sigue sin juntar sujeto, verbo y predicado. Que tío más seco por favor. Igual el problema soy yo y debería admitir que no a todo el mundo le gusta hablar. Dejamos la autovía y vamos bordeando la costa, se ve el mar por fin.

-¿Quieres jugar a un juego?-. Lo he dicho, al fin. Pensaba que no iban a salirme nunca las palabras de la boca, dos horas me ha costado…bien Jose, te vas superando. Ali se ha girado y me mira buscando algo en mi cara, no sé exactamente qué. Está hablando pero no sé que dice porque estoy embelesado mirando su boca moverse, joder que bonita es.

-¿Pero me estás oyendo?- se lo vuelvo a preguntar porque parece que le ha dado algo, está ido- Que sí, que jugamos a lo que sea- a ver que se le ocurre al soso éste. Si supiera a lo que jugaba yo con él, se le quitaba la tontería. Me subiría encima de él, le quitaría la camiseta y le estamparía mis labios en cada rincón, pondría sus manos bajo mi vestido y las apretaría contra mi trasero…. Aliiiii, céntrate, como mucho querrá jugar al veo veo.

Sus ojos se abren como platos al oir mis palabras. Yo no sonrío, permanezco serio. Ella sí deja salir una sonrisa tímida que me parece que hace su cara más bella todavía. A ver si ahora no meto la pata, para variar…

-Empiezo yo. ¿A qué te dedicas?¿Cuantos años tienes?¿Por qué…

He dicho una pregunta cada uno, por turnos y piénsalas bien porque sólo tienes 5 para formular….- me encanta el ímpetu que le pone a todo, a empezado a disparar preguntas como una niña….no voy a poder aguantar la sonrisa mucho más…

Vale. ¿A qué te dedicas?- yo pienso que es contable o algo así de aburrido.

Soy Director financiero en una multinacional. Me toca. ¿Me dejarías meter mi mano bajo tu vestido?- si me dice que no, no sé cómo voy a seguir el viaje…¿ cómo se me ocurre decirle eso? Madremía, que cara está poniendo, no habla….eso no puede ser bueno.-Tienes que contestar para poder realizar otra.

Me quedo muda, literalmente. Mi cabeza está valorando los pros y los contras de esta situación, si será un pervertido, un loco, si estoy a punto de perder una oportunidad de lujo, si estoy loca…pienso y pienso mientras mi cuerpo va por otro lado y sin consultar con mi cerebro, actúa por su cuenta. Cojo la mano que tiene sobre el cambio de marchas y la coloco en mi muslo. La dejo ahí, lo miro aunque él mira la carretera. Me toca.

-¿Tienes hijos?- esa silla ahí detrás me está torturando…Joder, se ríe, eso no es bueno…pero le hace más atractivo y más divertido.

No, no los tengo. La silla es de mi sobrino, voy a recogerlo tres veces por semana al colegio. ¿ Te gusta que te acaricien así?- mi mano sube por su muslo y roza por encima de las braguitas su sexo. Están húmedas, mezcla de calor y excitación imagino. Me detengo en el centro y presiono con la yema de mi dedo buscando su clítoris. Éste me responde enseguida y lo noto hinchado bajo la ropa. Paso mi dedo de arriba abajo por él y cuando Ali cierra los ojos y suspira, muevo mi mano hacia el borde superior de sus braguitas. No me ha contestado, así que pauso el juego.

-Sí, me gusta- que coño, me encanta. Me está haciendo sentir un placer inmenso, me está poniendo a mil muy lentamente y eso me gusta mucho. Debería seguir las preguntas por su camino, pero la verdad es que siento curiosidad…y mi boca vuelve a tomar la iniciativa…-¿ tienes pareja?.

Pensaba que era evidente que no, pero si necesita que se lo aclare…-No, desde hace mucho no estoy con nadie- pero contigo estaría horas, tal vez días…está ardiendo y al oir mi respuesta aún se ha relajado más…lo que la hace más vulnerable a todo lo que le hago.-¿Puedo entrar dentro de tí?.

Pues claro que puedes, ya tardas. No voy a responderle, al menos no con palabras. Me recuesto un poco más en el asiento y abro más mis piernas. Lo miro, no tengo que decirle más. Su mano entra por el elástico de mis braguitas y acaricia mi pubis, se muerde el labio mientras conduce y me parece irresistible. Abre con sus dedos mis labios y mi cavidad se dilata, se lubrica y se prepara para recibirlo. Acaricia mi clítoris con sus dedos y sin hacerse esperar, me penetra con sus dedos. Cierro los ojos, lo disfruto, lo acojo en mí. Se mueve dentro de mí y lo oigo gruñir.

Pregunta…- me muero de ganas por hacerla mía. La veo suspirar en el asiento, tan cerca y sólo me dan ganas de aspirar con mi boca cada uno de esos gemidos. Es perfecta.

-¿Haces esto habitualmente?- no puedo ser más imbécil. Con lo bien que iba todo… no me lo creo ni yo, pero mi boca tiene vida propia. Que más me da si lo hace o no, lo hace genial… y yo acabo de cagarla.

Perfecto, además de soso me ve como a un salido o algo así. Pues no Ali, no hago esto normalmente, has sido tú que te me has metido aquí dentro de la cabeza y no sales. ¿Por quién me toma? No confía en mí, pero ahora que lo pienso, no le he dado motivos para que lo haga, he sido serio y arisco con ella. Allá voy.

– Te llamas Ali, tienes 33 años, eres la mayor de 3 hermanas. No tienes pareja, de lo contrario no me habría atrevido a esto. Te encanta la música que te he puesto y no ha sido casualidad. Vas a pasar un findesemana a la playa y a un concierto precisamente de ella. Me gusta la forma en que te ríes y las ganas que le pones a todo, hasta cuando cierras la puerta de mi coche- acabo la frase soltando todo el aire que me queda dentro y rogando para que ahora no piense que soy algún loco que la espía.- ¿Confías en mi?

Joder, este tío se sabe mi vida… Facebook claro. Así que no es un loco, ni un salido, tan sólo es que le gusto. Y algo me lleva a confiar en él.-Para donde puedas, por favor-.

ups, ¿quiere bajarse? Está seria, no la he convencido. La carretera de costa se alía con la situación y dibuja una gran explanada en la que podemos parar, es como un mirador sobre el mar. Reduzco la velocidad hasta que finalmente paramos. Se quita el cinturón y no deja de mirarme fijamente, yo permanezco con las manos en el volante y la mirada esquiva, no sé que puede pasar ahora…- Te queda una pregunta por hacer…- de perdidos al río. Ali se acerca despacio, empuja la palanca que hace retroceder mi asiento mientras yo me quito el cinturón. Se coloca encima de mí y siento que voy a estallar de placer, aprieta su sexo contra mi entrepierna y quiero estar desnudo ya… Me mira fijamente y acerca su boca a la mía, no me resisto y la cojo del cuello para acercarla con prisa haca mí. La beso con impaciencia mientras empujo mis caderas hacia arriba, lo quiero ya.

– ¿ Cuanto eres capaz de hacerme gritar?

 

 

 

 

Retratos

Al fin ha llegado el día. Qué ganas tengo. Llego al estudio de fotografía con una sonrisa de oreja a oreja y me reciben muy alegres. He confiado en ellos desde siempre, a través de sus fotos han estado conmigo durante toda mi vida: desde mi bautizo hasta el día de mi boda. Y ahora no iba a ser menos. Es el primer trabajo que me hago desnuda. También van a ser las primeras fotos que me hago desde que me dejaste.

Al hablar con los dueños me comunican que no van a ser ellos los que se encarguen de mis fotos, que desde que su hijo ha vuelto de EEUU los hace él que entiende más de todo esto. Imagino que puede ser porque les de pudor, cosa que a mí no me da, pero entiendo que alguien más joven se pueda sentir más cómodo. Me es indiferente, yo soy muy espontánea y seguro que saldrá genial. Me indican que me cambie en el cuartito que hay justo al lado del baño y que empezaremos enseguida.

Entro al pequeño cambiador, me saco el vestido por la cabeza y me quito las sandalias de una patada. Llevo la ropa interior de encaje negro ya puesta, las medias y el liguero. Intento colocar mis rizos lo mejor posible para que se vea bien el esmerado maquillaje que me he puesto. El sujetador no lleva relleno, habría quedado mejor pero quería que a través del encaje se pudiera ver el color de mis pezones, que se insinuase su forma. Me toco por encima de la ropa los pechos y el frío de mis manos los endurece.

Miro el espejo que tengo delante y me veo reflejada. Veo cosas que me gustan y cosas que no tanto, veo como el paso de los años han transformado mi cuerpo y como otras partes permanecen igual.  Pero estoy feliz, porque sobretodo ya no te veo a tí, porque sea como sea mi anatomía, no será tuya nunca más. Y con ese sentimiento de valentía abro la puerta y salgo enérgica hacia el estudio. Oigo varios disparos de cámaras haciendo pruebas y veo algunos focos en la sala que permanece a oscuras. En el centro hay un diván de terciopelo negro y él está apoyado con una rodilla en él y el otro pie plantado en el suelo. Sujeta una cámara y mira la pantalla, no me ha oido llegar.

Los años también han pasado para él, lo recordaba como un niño pasando a la pubertad, bastante desgarbado, con gafas y algo torpe. Hacía mucho años que no lo había vuelto a ver. Ahora tiene el pelo oscuro, algunas canas tempranas asoman a sus sienes y le dan un aspecto muy maduro. No lleva gafas y sus ojos negros se ven muy oscuros, intimidantes. Es alto, debajo de su camiseta negra de manga corta se dibujan perfectamente sus músculos… El patito feo se ha hecho un cisne.

Nos saludamos y se acuerda de mí, recordamos algunas anécdotas de hace años y de cómo era el barrio y la gente de entonces. Cuando ya nos hemos reído un rato, nos ponemos manos a la obra. Como es verano y hace calor no me he tapado con nada durante la conversación, ambos hemos estado cómodos, cosa que agradezco para poder trabajar agusto ahora. Me dice que me siente en el diván de perfil, para que puedan verse las ligas y el relieve de mi pecho. Yo obedezco y adopto la postura que me indica.

-Haremos primero unas cuantas así y después algunas más sin nada, ¿ era eso lo que querías no?-. Supongo que quiere estar seguro que quiero hacerme un desnudo integral para no meter la pata.

-Sí, eso es.  Algunas sólo con las braguitas y luego sin nada.Tranquilo, no me da vergüenza- digo para que no vaya con timidez, quiero que saque lo más atractivo de mí.

-No tienes porqué tenerla, eres preciosa y la cámara lo captará. Estoy seguro. No te imaginas lo bonita que se te ve a través de ella. No sonrías tanto, deja la boca entreabierta, como si suspirases…así, genial.

Me siento muy cómoda y hago todo cuanto me dice, nos reímos y todas sus palabras son de halago. Me gusta este chico, aunque supongo que es trabajo suyo hacer que me sienta bien para que dé mi lado más sexy. Todo va genial, estamos ya en la parte en que apenas llevo ropa, vamos que sólo llevo puestas las braguitas. Y ocurre lo que más me temía, sus indicaciones llevan esas palabras que tanto odio: izquierda y derecha. Me da las instrucciones y espera que cambie mi postura…mi cabeza intenta adivinarla pero tardo en moverme.

-Así no, la mano derecha en el borde de las braguitas y la izquierda en el pecho derecho…- repite la orden mientras yo me pongo colorada como un tomate y no sé cómo hacerlo ni qué decirle.-No pasa nada, espera un momento.

Deja la cámara en un trípode y se acerca al diván donde estoy tumbada boca arriba. Se agacha un poco y coge mi mano derecha y la coloca en el elástico de mis braguitas, yo no dejo de mirar sus manos, tenerlo tan cerca sí me da pudor. Suavemente levanta un poco el borde de las braguitas e introduce uno de mis dedos un poco: ” así, como si fueras a acariciarte”. Sus palabras me excitan y noto cómo me ruborizo. No lo miro, sigo con la mirada en sus manos que dirigen mi mano izquierda… a mi pecho. Deja caer mi mano despacio en mi pecho, intentando no tocarme: ” cógelo en el hueco de tu mano, apriétalo un poco”. Mis ojos se desvían a su boca y observo que mientras mira de cerca mis pechos se muerde el labio.

-Perfecta, no te muevas- susurra esas palabras tan cerca de mí que las aspiro literalmente de su boca.-Es increíble, estás tan real que parece que estés disfrutando de verdad…

Y lo estoy haciendo. Click, última foto. Las he contado y eran todas las que podía pagar, se acabó el reportaje.

-¿Puedo hacerte una más? Una a mi gusto, ¿te fías de mí?- me sonríe de una manera más morbosa con la cámara en la mano y la entrepierna abultada. Quiero jugar, claro que sí.

– Me he fiado todo el tiempo. Dime qué quieres que haga- y con esa frase le doy carta blanca a lo que sea que pase por su cabeza en ese momento. Se acerca a mí, todavía estoy recostada en el diván, se coloca a la altura de mi cara y se quita el botón y la cremallera de los vaqueros. Me excita ese gesto tan directo y mi cara lo refleja. Vuelve a mirar por la cámara, no le veo la cara, me enfoca a mí.

-Saboréame- ordena sin titubeos. Lo estoy deseando, así que le bajo la ropa y miro su pene. Rígido, se queda justo a la altura de mis labios, entreabro la boca un poco para hacerlo más lento, saco la punta húmeda de la lengua y cuando voy a rozarlo instintivamente cierro los ojos.

-Mírame!!!-. Abro los ojos justo cuando su pene se introduce en mi boca y oigo el clik de la cámara. La retira de su rostro, aprieta los dientes y jadea… Deja la cámara en el suelo y se mueve dentro de mi boca dándose un placer indescriptible. Se saca las deportivas con los pies y la ropa, la camiseta por la cabeza desaparece en algún lugar del estudio. Me abre las piernas y ve como mi flujo brilla entre mis muslo… se relame. Se pone entre ellas y se sumerge en mí, saboreando cada rincón de manera única. Me llena con sus dedos a la vez que me besa los pechos. Aprieta con fuerza dentro de mí.

-Joder, como me gusta- acierto a decirle entre jadeos. Me retuerzo en el diván de placer, me aprieta los muslos con fuerza, las nalgas y con desesperación me penetra. Lo hace lento, casi agónico, me mata de placer. Levanto las caderas para sentirlo aún más profundo y grito de lo bien que me siento.

-Quiero más de tí que lo que he sacado a través del objetivo, ¿me lo querrás dar?- no ha terminado la frase, cuando yo he cerrado los ojos y me he abandonado a esta locura.-Quiero sentir todo eso que llevas dentro, vamos…regálamelo-. Cada palabra suya en mi oído acompañada de sus embestidas, ahora fuertes y secas, me acercan de manera estrepitosa al orgasmo.-Sí, vamos preciosa, dámelo-.

Nos corremos ambos salvajemente sin que ninguno espere al otro,  tan solo sucede. Perfecto. Sale de mí, me aparta el pelo enmarañado del rostro y coge la cámara. Estoy sudada, cansada, agitada…Se aleja un poco, enfoca y click. Sonrío con los ojos entreabiertos…

– La foto perfecta. Espero hacerte mil.

 

Un viaje diferente

Que me encante viajar y odie conducir es otra más de las contradicciones que me definen. Qué le voy a hacer. Esta vez pasé del transporte público para mi escapada  de fin de semana y decidí probar una app para compartir coche. Sí, una de estas de las que tu madre te diría que no te fíes, que a saber con qué tipo de gente vas a dar… de esas que a mí me suenan a aventura y a conocer gente nueva. Pues encontré un usuario que realizaba mi mismo recorrido y contacté con él para ver si nos poníamos de acuerdo. Jose33 ( ¿ su edad?) me escribió a través del chat de la app y quedamos el viernes por la mañana en una gasolinera cercana a mi domicilio para salir hacia la playa, mi destino de descanso para esa escapada. Me pareció una persona correcta, educada y distante, nada fuera de lo normal.

Cargada con mi macuto al hombro esperé a que llegase el vehículo en la entrada de la gasolinera. Caí en la cuenta que no sabía el modelo del coche, sólo que era blanco. Como tenía el chat en la aplicación y su número podría contactar con él si fuera necesario. Mientras esperaba entré en la cafetería de la gasolinera a tomar un café cuando se abrieron las puertas de nuevo y entró un hombre de lo más interesante. Vaqueros, camiseta de manga corta gris, zapatillas deportivas y unas gafas de sol que ocultaban unos pequeños pero vibrantes ojos negros. Se sentó en el taburete contiguo al mío y pidió un té con leche. Puse los ojos de nuevo en mi taza de café ( estaban posados en su increíble trasero) y abrí el chat para ver si mi nada puntual chófer estaba activo. Y sí, lo estaba. Le escribí para decirle que estaba en la cafetería y recibí contestación al instante: ” Lo sé, estoy a tu lado”.

Joooooderrrr, ¿ se puede tener más suerte? Menudo ejemplar me ha tocado de compañero de viaje…venga Ali, traga saliva y presentate. ” Hola, soy…”, antes de acabar la frase, los ojos negros de Jose me miraron y me dijo que acabase mi café rápido para salir cuanto antes. Bebió su té en dos tragos y se colocó las gafas de nuevo. ” Vamos, se hace tarde”. El tío borde ni siquiera se ofreció a coger mi mochila o a esperarme. Caminaba delante de mí sin mirar si lo seguía o no. Abrió el maletero del coche y me indicó con un gesto que metiera el macuto. Saqué las asas de la mochila de mis hombros y uno de los tirantes de mi vestido de verano se deslizó por mi brazo dejando al descubierto parte de mi ropa interior. Sonrió de forma burlona y su mano se dirigió a mi brazo. Pensé (deseé) que me iba a  colocar el tirante de nuevo en su lugar y ese simple pensamiento hizo que mi sexo se inquietara, sin embargo cogió el macuto y lo tiró al interior del maletero. ” ¿Siempre te desnudas tan pronto?”. Con la boca en el suelo y sin saber qué contestar abrí la puerta del coche y me senté en el asiento trasero. Que personaje más borde y sobrado me ha tocado.

A mi lado en la parte de atrás había una sillita de bebé, supuse que tenía pareja. ¿Será igual de borde con su pareja? Abrió la puerta de mi lado y me ofreció la mano para salir: ” sientate a mi lado, tenemos que recoger a otra persona más”. Pese a ser un ofrecimiento amable, no había ni pizca de ello en su tono, más bien parecía una orden. El contacto con su mano, firme pero cálida, me estremeció. Teníamos por delante más de tres horas de viaje, de insufrible viaje si mi conductor no se dignaba a abrir la boca. Decidí ponerme el mp3 y así desconectarme de la sensación tan violenta que me provocaba el estar tan cerca de él sin hablar, habría preferido ir atrás, aunque la verdad es que estaba muy cómoda ahí. En cuanto me coloqué los auriculares él seleccionó en su lista de música una reproducción de más de 20 canciones de mi cantante favorita… a cuadros me quedé. Decidida a cortar la tensión que había entre nosotros inicié una conversación sobre la música: ” ¿ Te gusta ?. Es mi cantante favorita, de hecho es lo mismo que llevo ahora en el mp3.” Sin quitar la mirada de la carretera y sin apenas abrir la boca pronunció un ” qué bien” y volvió a callarse.

Transcurrieron unos veinte minutos y ya habíamos salido de la ciudad, me pregunté dónde habríamos de recoger al otro pasajero. Mientras tanto canturreaba las canciones que me sabía de memoria y veía de reojo que se dibujaba algo parecido a una sonrisa cuando desafinaba, cosa que ocurría constantemente. El sol empezó a calentar mucho y el calor en el interior del vehículo era considerable, o al menos yo lo tenía. Dejaba que mis ojos recorrieran el cuerpo de Jose que me parecía espectacular cuando él estaba centrado en carretera. Empecé a abanicarme con las manos y él pronunció otra de sus escuetas frases: ” puedes encender el aire acondicionado si tiene calor”. Así lo hice, pero mi calor venía de otro sitio, lo tenía por dentro. Giré la cabeza hacia la ventanilla y fijé mi mirada en el paisaje que transcurría por mi lado.  Aburrida de la muerte e intentando no dormirme ( me da mucha vergüenza, al menos si estuviera atrás….) volví de nuevo al ataque:” ¿ porqué compartes el vehículo, lo haces a menudo?”.  Esta vez retiró fugazmente la mirada de la carretera y la puso en mis labios mientras yo le hablaba. “No me gusta viajar solo”. “¿Cómo….., y para que quiere compañía si no habla???”…  Supongo que es de los que no necesita hablar porque con su cuerpo ya tiene lo que quiere. Lo que yo decía, un sobrado.

“Joder Jose, te estás luciendo”. He barajado la posibilidad de darme la vuelta y no decirle que era yo cuando la he visto en la cafetería. Me encanta esta chica. Estará pensando que soy un bicho raro de lo más rancio…pero es que los nervios no me dejan construir frases más agradables. Ostras, no he quitado la silla de Javier… mi sobrino la tiene llena de juguetes, que desastre. Al menos sé que con la música he acertado, hay que ver todo lo que se puede saber de una persona por su perfil de Facebook… Yo mismo pensé que no me gustaría que se metieran así en mi vida, pero oye… está en modo público y yo sólo me he interesado en conocerla. Lo hago siempre cuando contacto con alguien para compartir coche, hay mucho loco por ahí. Pero Ali no lo es. Tengo que relajarme, tengo tres horas por delante… ¿lo conseguiré?

Continuará

 

 

 

 

hazlo por mí

Soy un hombre al que le gustan, le encantan, las mujeres. Disfruto con ellas todo cuanto puedo y me deleito haciéndolas disfutar. Me vuelve loco oírlas gozar, pedirme que las folle sin parar y hacérselo de todas las maneras imaginables. Jamás he barajado la idea de estar con otro hombre, ni siquiera en un trío o simplemente mirando. No me atrae para nada el sexo masculino, no siento curiosidad ni creo que me vaya a gustar. He estado con varias mujeres a la vez, he probado cosas que jamás pensé que haría y he follado en sitios dónde no volvería a hacerlo, pero jamás nadie me ha follado a mí. Nunca lo he pedido y tampoco nadie me lo había propuesto, hasta hoy.

Eva está en la cama gozando como una perra con ese tío mientras yo miro. Ése era el juego de hoy: ella disfrutaba con él mientras yo miraba y después podía hacerla mía como yo quisiera. Lleva puesto el body de encaje negro que le regalé, atado al cuello y con abertura en su sexo. Está preciosa y morbosa. El pelo color fuego le cae en cascada por los hombros y sus ojos verdes me miran mientras el otro tipo la penetra por atrás. Yo no los miro directamente pero oírlos me excita muchísimo, aunque preferiría que ella no fuera Eva. Y es que cuando la conocí supe que iba a pasarlo muy bien con ella, pero también que iba a hacerme sufrir mucho. Le gusta mucho jugar en la cama, pero a veces llega a lo retorcido. Yo cedo por ella. Verla disfrutar me vuelve loco hasta el punto de estar aquí, mirando como otro la devora y la hace suya mientras yo los miro masturbándome. Me pone en situaciones complicadas para mí y siempre acaban gustándome, cosa que ella parece saber de antemano.

La está follando con fuerza desde atrás y las tetas de Eva se mueven al ritmo de las embestidas de su amante que, de tanto en tanto, le da algún azote en el culo. Ella jadea y grita. Mueve una mano hacia su sexo y empieza a acariciarse el clítoris, va a correrse. No aguanto más, verla así y no ser yo quién lo provoca me pone enfermo. Me pongo de rodillas en la cama y de un empujón lo quito de mi vista, cojo a Eva y ocupo su lugar. Ella se ríe y con una sonrisa en los labios comienza a lamerle el pene. La sangre me hierve por dentro, no quiero que lo toque, ni que lo mire, ni que él esté aquí. Con Eva no, no quiero compartirla. Dejo de empujar mi pene dentro del cálido sexo de Eva y le cojo el cuello obligándola a levantarse y mirarme. – No quiero que lo toques más- sentencio lleno de rabia. Ella estalla en una sonora carcajada que me rompe el alma.-Vale, entonces te tocará a tí-. Mis ojos se entornan intentando adivinar las intenciones de la retorcida de Eva. Sabe perfectamente que no me gusta ese tipo de sexo. Eva viene hacia mí con una cinta con la que me tapa los ojos. Yo no quiero pero, como siempre, me dejo hacer. Me acaricia y sé que es ella, me besa y yo respondo a su beso con furia y con pasión. Una tercera mano se une al juego y va directa a mi pene. Lo coge con firmeza pero sin apretar mucho. Lo bombea sólo hasta la mitad, tal y como yo lo haría. Joder, reconocer que me da mucho gusto me duele hasta a mí. Eva guía mi mano hasta su sexo y al tocarlo, noto su humedad empaparla entera. Está disfrutando mucho con esto. Busco sus pezones con la otra mano y los encuentro, erizados y duros. No la veo, pero sé que sus labios rosados estarán entreabiertos y su lengua mojada asomará por su labio inferior. Otra mano entra en juego y se dirige a mi culo, donde nadie nunca ha estado. El dedo está húmedo y hace por entrar en mí, poco a poco. Me agito y me pongo nervioso, no me gusta. Eva me dice al oído cuánto le gustaría verme disfrutar de esa manera y verme cómo me dejo llevar. Me pide que me abandone a un lugar dónde nunca he estado porque sabe que me gustará. Decido probar un poco, por ella.

El dedo finalmente entra en mí proporcionándome un nuevo placer. Eva tiene entre sus labios mi pene, duro como nunca, debido al doble placer que está recibiendo. La experimentada boca de Eva hace que el dolor que siento en mí sea más llevadero y se transforme, poco a poco, en un placer diferente a todo lo que he sentido antes. Cuando estoy más dilatado, el dedo sale de mi interior del todo y vuelve a entrar. Me gusta, ya no siento el dolor y va aumentando el placer a la vez que lo hace la velocidad. Busco a Eva, quiero que me bese, estiro de su pelo enredado en mi mano y la traigo hasta mi boca. Recorro su boca con mi lengua y oigo como ríe:- Lo estás haciendo muy bien-.

Algo que no es un dedo pugna por entrar en mí y lo rechazo. Me quito la cinta de los ojos muy cabreado.- Eso no, ni lo pienses- escupo las palabras en la cara de Eva porque es ella la que quiere esta situación.-Sabes que te gustará y eso es lo que te da miedo, eres un cobarde, siempre lo has sido.- Que malnacida. Vuelvo a colocarme yo mismo la cinta en los ojos y lo último que veo es una sonrisa dibujada en su cara. Ahora es la lengua de Eva lo que me acaricia el trasero, esa sensación me calma y me relaja y es su dedo el que me folla esta vez. Me masturbo de rodillas en la cama mientras ella juega conmigo, me lleva al límite del placer y del dolor. Mi respiración se vuelve más rápida como siempre que estoy a punto de correrme. Lo sabe y no va a dejar que suceda. De un manotazo evita que siga bombeando mi miembro y noto su lengua recorriendo la parte baja de mi pene y mis pelotas. Me empujan suavemente hacia adelante y siento cómo me atraviesan por detrás.

Eva succiona mis huevos y me masturba muy suavemente, para alargar mi orgasmo. Por detrás, un hambriento cuerpo me hace suyo sin que yo oponga resistencia alguna. Me dejo hacer y me relajo, no siento un dolor molesto ya que Eva lo calma con el placer que me da, pero tampoco disfruto. Aprieto la mandíbula y rezo porque esto acabe ya.- Córrete dentro de él- ordena Eva al que tengo a mi espalda. Grito que no varias veces, pero es tarde. Dos embestidas le sobran para derramarse dentro de mí. Eva sigue masturbándome cuando me quito la cinta. Me mira con una cara de placer enfermo que me repugna. Le cojo la boca con la mano, apretando fuerte sus mandíbulas y ella ríe.-Has llegado tarde cielo, como siempre-. Veo como las últimas gotas de semen salen de mi a pesar que hago fuerza para no correrme, no quiero darle ese gusto. Ella se deshace de mi mano y lame los restos que quedan en la sábana como un perro sediento. La miro lleno de resentimiento, asco y dudas. No son los límites físicos los que me duele haber traspasado. La sonrisa de Eva se desdibuja por las lágrimas y paradójicamente la veo más nítida que nunca.

Adiós Eva.

Sólo estás tú

No puedo decir que Elena no me guste, mentiría. Tiene un cuerpo trabajado a golpe de gimnasio, una bonita sonrisa, es soltera e independiente, tiene casa propia y un buen puesto de trabajo. No le hace falta nada, ni siquiera le hago falta yo. Aún así, quiere coger de mí más de lo que yo estoy dispuesto a darle y parece que cuando trazamos las reglas de este juego, se perdió un poco. Salimos de vez en cuando a cenar o pasamos el fin de semana follando en casa del otro, pero eso es todo. No hay una obligación ni un compromiso de nada más allá. Mi estancia aquí es temporal y cuando regrese a casa no quiero dejar nada a medias y mucho menos llevarme algo que no sé si quiero a casa.

Elena en la cama es genial, algo pasiva para mi gusto, pero disfruto con ella muchísimo. Y ella conmigo también. Tiene sus límites, pero no quiero forzar nada puesto que no va a ser mi compañera mucho tiempo y no quiero estropear lo que hay entre nosotros, no se lo merece tampoco. Todo el tiempo que he pasado con ella ha sido cariñosa y una persona muy entregada a mí. Todo lo contrario a mí. Ella no hace que me hierva la sangre, no saca mi parte más animal ni me descoloca y eso es lo que yo necesito para engancharme a alguien. Y ahí está Ari.

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Hay cosas que no valen…

Leyendo las noticias en la prensa con un café para empezar el día se me revuelven las tripas y no, no era el café. Han crecido las denuncias de menores por abusos sexuales. Es positivo que crezcan las denuncias porque quiere decir que se pierde el miedo a denunciar, a hacerlo público. Porque en el fondo espero que no hayan crecido los casos, sino los valientes que se deciden a denunciar y a contarlo. Creo, desde mi humilde punto de vista, que es una responsabilidad de todos y que todos deberíamos aportar nuestro granito de arena. Desde páginas y blogs como el mío, con más motivo todavía. De ahí el título. ¿Nos gusto el sexo? Pues claro. ¿Debería dejar de ser un tema tan “censurado” en algunos aspectos? También. Pero no a cualquier precio, no todo vale.

Y de la libertad de practicarlo y de hablar sobre ello es de lo que va ésto, el blog, no de provocar dolor y sufrimiento a ninguna persona, todavía menos a un menor. Deberíamos educar ( que difícil es esto ) en la libertad, en la diversidad, en que no a todos les gusta lo mismo y hay que entenderlo. En no tener vergüenza de poder contar a alguien y denunciar unos hechos que nos parecen abusivos, extraños o que te hacen sentir mal. La vergüenza no tienes que tenerla tú precisamente. Que no podemos escudarnos en el sexo, que es algo divertido y precioso, para cometer delitos.

La noticia en concreto era un menor de edad que se había puesto en contacto a través de un foro de personas homosexuales con otra persona, que se describía como un “amo”. La historia ya la sabemos, perfiles falsos, un poco de conversación para crear confianza, envío de fotos y vídeos eróticos y una cita. Después de ésto, el chico practicó conductas sadomasoquistas con la otra persona en repetidas ocasiones. Si esto ocurre entre personas mayores de edad y conscientes de lo que va a suceder, lo veo estupendo. No voy a ser yo quién juzgue qué debe gustar o no a alguien en la cama, cada uno se divierte como quiere. Y la noticia te hace pensar. El menor acudió a la cita por su voluntad, entró en el chat por su voluntad… la curiosidad tal vez, el sentirse deseado por alguien… y después ver que aquello no es lo que esperas, el chantaje, la humillación, la desesperación y la vergüenza.

Y si pasa con un mayor de edad, ¿ serían relaciones consentidas? ¿Se valoraría el engaño también?¿ Qué diferencia puede haber entre los 17 y los 18 años? Que alguien se aproveche de una situación de confianza con otra persona ( y me la suda la edad que tenga) para hacer algo así ya me parece monstruoso. Entrenadores, profesores, padres, monitores, médicos, curas… cada vez son más las personas que están al cuidado de los menores en horas de ausencia de sus padres. Y da miedo, mucho miedo. Me gustaría tener la solución para estas barbaridades, pero no. Lo que no quiero es que se confundan las cosas. La libertad que está empezando a crecer en cuanto al sexo, a las prácticas sexuales antes más escondidas y prohibidas, a verlo como algo de lo que disfrutar plenamente… nada tendría que ver con éstas barbaridades. Pero claro, siempre hay alguien que dirá: ” tanto sexo en la tele, en los libros y en las películas…y luego pasa lo que pasa, los críos se creen que es algo normal”. Este era el señor que había sentado a mi lado tomando café cuando ha leído la noticia.

Pues mire usted, no creo que los libros eróticos, las películas o las páginas porno tengan culpa del comportamiento ni de unos ni de otros. Cuando entre dos personas adultas y conscientes hay sexo ( del tipo que sea, allá cada cual) es por placer. En el momento que deja de existir placer, que uno sufre o no hay consentimiento…eso no es sexo es un abuso. Y eso es lo que yo, desde aquí, quiero reivindicar. No todo vale, hay cosas que quedan fuera del ámbito sexual y del placer. NO TODO ESTÁ JUSTIFICADO.

hazlo por mí

Soy un hombre al que le gustan, le encantan, las mujeres. Disfruto con ellas todo cuanto puedo y me deleito haciéndolas disfutar. Me vuelve loco oírlas gozar, pedirme que las folle sin parar y hacérselo de todas las maneras imaginables. Jamás he barajado la idea de estar con otro hombre, ni siquiera en un trío o simplemente mirando. No me atrae para nada el sexo masculino, no siento curiosidad ni creo que me vaya a gustar. He estado con varias mujeres a la vez, he probado cosas que jamás pensé que haría y he follado en sitios dónde no volvería a hacerlo, pero jamás nadie me ha follado a mí. Nunca lo he pedido y tampoco nadie me lo había propuesto, hasta hoy.

Eva está en la cama gozando con una perra con ese tío mientras yo miro. Ése era el juego de hoy: ella disfrutaba con él mientras yo miraba y después podía hacerla mía como yo quisiera. Lleva puesto el body de encaje negro que le regalé, atado al cuello y con abertura en su sexo. Está preciosa y morbosa. El pelo color fuego le cae en cascada por los hombros y sus ojos verdes me miran mientras el otro tipo la penetra por atrás. Yo no los miro directamente pero oírlos me excita muchísimo, aunque preferiría que ella no fuera Eva. Y es que cuando la conocí supe que iba a pasarlo muy bien con ella, pero también que iba a hacerme sufrir mucho. Le gusta mucho jugar en la cama, pero a veces llega a lo retorcido. Yo cedo por ella. Verla disfrutar me vuelve loco hasta el punto de estar aquí, mirando como otro la devora y la hace suya mientras yo los miro masturbándome. Me pone en situaciones complicadas para mí y siempre acaban gustándome, cosa que ella parece saber de antemano.

La está follando con fuerza desde atrás y las tetas de Eva se mueven al ritmo de las embestidas de su amante que, de tanto en tanto, le da algún azote en el culo. Ella jadea y grita. Mueve una mano hacia su sexo y empieza a acariciarse el clítoris, va a correrse. No aguanto más, verla así y no ser yo quién lo provoca me pone enfermo. Me pongo de rodillas en la cama y de un empujón lo quito de mi vista, cojo a Eva y ocupo su lugar. Ella se ríe y con una sonrisa en los labios comienza a lamerle el pene. La sangre me hierve por dentro, no quiero que lo toque, ni que lo mire, ni que él esté aquí. Con Eva no, no quiero compartirla. Dejo de empujar mi pene dentro del cálido sexo de Eva y le cojo el cuello obligándola a levantarse y mirarme. – No quiero que lo toques más- sentencio lleno de rabia. Ella estalla en una sonora carcajada que me rompe el alma.-Vale, entonces te tocará a tí-. Mis ojos se entornan intentando adivinar las intenciones de la retorcida de Eva. Sabe perfectamente que no me gusta ese tipo de sexo. Eva viene hacia mí con una cinta con la que me tapa los ojos. Yo no quiero pero, como siempre, me dejo hacer. Me acaricia y sé que es ella, me besa y yo respondo a su beso con furia y con pasión. Una tercera mano se une al juego y va directa a mi pene. Lo coge con firmeza pero sin apretar mucho. Lo bombea sólo hasta la mitad, tal y como yo lo haría. Joder, reconocer que me da mucho gusto me duele hasta a mí. Eva guía mi mano hasta su sexo y al tocarlo, noto su humedad empaparla entera. Está disfrutando mucho con esto. Busco sus pezones con la otra mano y los encuentro, erizados y duros. No la veo, pero sé que sus labios rosados estarán entreabiertos y su lengua mojada asomará por su labio inferior. Otra mano entra en juego y se dirige a mi culo, donde nadie nunca ha estado. El dedo está húmedo y hace por entrar en mí, poco a poco. Me agito y me pongo nervioso, no me gusta. Eva me dice al oído cuánto le gustaría verme disfrutar de esa manera y verme cómo me dejo llevar. Me pide que me abandone a un lugar dónde nunca he estado porque sabe que me gustará. Decido probar un poco, por ella.

El dedo finalmente entra en mí proporcionándome un nuevo placer. Eva tiene entre sus labios mi pene, duro como nunca, debido al doble placer que está recibiendo. La experimentada boca de Eva hace que el dolor que siento en mí sea más llevadero y se transforme, poco a poco, en un placer diferente a todo lo que he sentido antes. Cuando estoy más dilatado, el dedo sale de mi interior del todo y vuelve a entrar. Me gusta, ya no siento el dolor y va aumentando el placer a la vez que lo hace la velocidad. Busco a Eva, quiero que me bese, estiro de su pelo enredado en mi mano y la traigo hasta mi boca. Recorro su boca con mi lengua y oigo como ríe:- Lo estás haciendo muy bien-.

Algo que no es un dedo pugna por entrar en mí y lo rechazo. Me quito la cinta de los ojos muy cabreado.- Eso no, ni lo pienses- escupo las palabras en la cara de Eva porque es ella la que quiere esta situación.-Sabes que te gustará y eso es lo que te da miedo, eres un cobarde, siempre lo has sido.- Que malnacida. Vuelvo a colocarme yo mismo la cinta en los ojos y lo último que veo es una sonrisa dibujada en su cara. Ahora es la lengua de Eva lo que me acaricia el trasero, esa sensación me calma y me relaja y es su dedo el que me folla esta vez. Me masturbo de rodillas en la cama mientras ella juega conmigo, me lleva al límite del placer y del dolor. Mi respiración se vuelve más rápida como siempre que estoy a punto de correrme. Lo sabe y no va a dejar que suceda. De un manotazo evita que siga bombeando mi miembro y noto su lengua recorriendo la parte baja de mi pene y mis pelotas. Me empujan suavemente hacia adelante y siento cómo me atraviesan por detrás.

Eva succiona mis huevos y me masturba muy suavemente, para alargar mi orgasmo. Por detrás, un hambriento cuerpo me hace suyo sin que yo oponga resistencia alguna. Me dejo hacer y me relajo, no siento un dolor molesto ya que Eva lo calma con el placer que me da, pero tampoco disfruto. Aprieto la mandíbula y rezo porque esto acabe ya.- Córrete dentro de él- ordena Eva al que tengo a mi espalda. Grito que no varias veces, pero es tarde. Dos embestidas le sobran para derramarse dentro de mí. Eva sigue masturbándome cuando me quito la cinta. Me mira con una cara de placer enfermo que me repugna. Le cojo la boca con la mano, apretando fuerte sus mandíbulas y ella ríe.-Has llegado tarde cielo, como siempre-. Veo como las últimas gotas de semen salen de mi a pesar que hago fuerza para no correrme, no quiero darle ese gusto. Ella se deshace de mi mano y lame los restos que quedan en la sábana como un perro sediento. La miro lleno de resentimiento, asco y dudas. No son los límites físicos los que me duele haber traspasado. La sonrisa de Eva se desdibuja por las lágrimas y paradójicamente la veo más nítida que nunca.

Adiós Eva.

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